domingo, 11 de diciembre de 2011

Ana Pastor: ¿Periodismo de garra o provocación?



El título de esta entrada puede resultar recurrente, teniendo en cuenta los rumores que ahora giran en torno al nombre de la protagonista. En efecto,desde que en las pasadas Elecciones Generales el PP se alzara como vencedor, y por tanto en el sustituto inminente del Gonbierno en funciones, muchas fueron las voces que comenzaron a especular con el final de Ana Pastor como directora de "Los desayunos de TVE", y por ende con su despedida de la cadena pública.

Sin embargo, no seré yo la que incurra en un tema que, a mi entender, ya está bastante manido. El tiempo dirá si efectivamente la periodista madrileña no tiene sitio en la próxima TVE que seguirá los cánones del PP. Mi interés se centra en realidad en valorar, positiva o negativamente según cada cual, la forma de trabajar y el estilo periodístico de Ana Pastor.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de entrevistarla, en un encuentro breve que apenas me permitió obtener un retazo de su personalidad, pero que sí me ofreció la posibilidad de esclarecer algunos aspectos de su forma de entender el mundo, y sobre todo su profesión. Se define más como madre que como periodista, pero está muy orgullosa de lo segundo. Al menos del periodismo entendido como ella procura ejercerlo. La forma en que pregunta a sus entrevistado, generalmente de perfil político, es algo digno de mención. A mí por lo menos me llaman la atención la perseverancia y la insistencia con la que lo hace. Te puede gustar o no, pero creo que merece unos segundos de atención el periodismo de Ana Pastor, entre otras razones porque se ve muy poco en la televisión, y si me apuras en el resto de los medios de comunicación. Es distinto.

Curiosamente, hace apenas unos días leí un artículo rubricado por la susodicha en una revista-suplemento de El País; se titulaba "Periodistas de Raza". En él Ana Pastor hacía referencia a varias figuras de la profesión, algunas consagradas y otras de menor renombre pero igualmente válidas, de regiones y medios muy distintos pero que compartían un elementos común: una manera de entender la profesión periodística muy crítica con el poder y que no teme a nadie ni se frena ante nada.En definitiva, verdaderos exponentes para ella. Jeremy Paxman, de la BBC, repite hasta en doce ocasiones la misma pregunta hasta obtener la respuesta de su entrevistado. El estadounidense Mark Knoller, según Ana Pastor, hace temblar a los políticas en las ruedas de prensa, y para ello no le hace falta tirar de agresividad sino de una información bien contrastada. Y Nadia AL-Sakkaf, de apenas 30 años, dirige "The Yemen Times" jugándose la vida cada día.

Sin embargo, la reiteración y la insistencia  no son fruto de buen gusto para todo el mundo; es más, Ana Pastor es objeto de dura crítica para muchas personas, casi tantas como los que sí valoramos lo que hace.  Consideran que es una provocadora que sólo busca la confrontación y no pretende sacar nada en claro. No negaré que en ocasiones deja entrever atisbos que perfilan una determinada ideología, y quizás por eso se haya ganado desde el principio a muchos enemigos que no la comparten, pero no creo que ese sea motivo suficiente para tacharla de manera automática.

El otro día hablaba con una compañera de trabajo a la que le desagradaban las maneras de Ana Pastor. Dejando a un lado cualquier atisbo de ideología, me argumentaba que, en lugar de tratar de sacar la verdad, sólo quiere que le respondan lo que ella quiere oír, aunque para ello tenga que convertirse en la protagonista. A su modo de entender, lo que la periodista hace ni siquiera son entrevistas, las convierte en una tertulia violenta en la que se posiciona sobre el entrevistado, sin tratarle como a un igual.

Es cierto que ha protagonizado con sus invitados situaciones en las que se cortaba la tensión con un cuchillo. Es cierto que lo que ella dice o pregunta podría reformularse de otra manera más comedida. Pero yo le encuentro atractivo al hecho de que el político se vea en una situación que le incomoda, de la que no sabe  muy bien cómo salir, y en la que se le plantean serias dificultades para no acabar metiendo la pata. Una situación en la que no le sirven las respuestas que llevaba preparadas porque no se ajustan a las preguntas que le hacen. En definitiva, una entrevista que teme y le impone afrontar. Para mi es gratificante ver que todavía quedan voces que les plantean cuestiones a los políticos como les gustaría hacer a muchos ciudadanos. Porque en definitiva, el periodista está al servicio de la sociedad. ¿De quién si no?

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